Objetivos bien planteados.
“La disciplina es el puente entre metas y logros.”
Jim Rohn
¿Cuántas veces te has propuesto algo con entusiasmo y lo has abandonado a mitad de camino? No siempre es falta de motivación; a veces, el problema está en cómo te planteaste el objetivo desde el principio.
El coaching es, en esencia, una metodología de trabajo para que consigas tus objetivos. Aunque por el camino encuentres mucho más que eso en un proceso, lo cierto es que te ayuda a ir de A a B de la mejor manera posible para ti.
Pero para conseguir eso que te propones, debes tener en cuenta ciertos factores para que, por el camino, no te frustres y termines abandonando. Es por eso que hay que identificar muy bien y desmenuzar qué es eso que quieres conseguir para después ponerte manos a la obra con tu plan de acción.
Seguro que ya has oído hablar alguna vez de los objetivos S.M.A.R.T. Su nombre proviene del acrónimo inglés SMART, que representa las características que deben cumplir estos objetivos. El concepto fue introducido por George T. Doran en un artículo de 1981 titulado "There's a S.M.A.R.T. way to write management's goals and objectives".
George T. Doran presentó esta idea en el contexto de la gestión empresarial como una manera de redactar objetivos más efectivos. Defendía que los objetivos debían ser: S (Específicos), M (Medibles), A (Alcanzables), R (Relevantes) y T (Temporales).
Pero ¿cómo lo podemos llevar a un lenguaje más claro y aplicable para el día a día?
Lo primero que debes pensar es en plantearte tu objetivo de manera positiva. ¿Qué quiero decir con esto? Que no sirve que digas todo eso que NO quieres conseguir.
Un ejemplo podrían ser afirmaciones como: "No quiero estar tan estresada" o "No quiero pasar tantas horas trabajando". Perfecto, pero, ¿qué es lo que quieres hacer?¿Quieres tener más tiempo para ti? ¿Quieres dedicar más tiempo a tus hobbies o a tu familia? ¿Quieres que tu día a día tenga más momentos de calma y tranquilidad?.
Se trata de centrarnos en lo que queremos poner foco: en cómo queremos sentirnos, qué queremos hacer, y en la persona que queremos ser. Guiados por ese faro, construimos los pequeños pasos que nos harán avanzar.
Específico y detallado.
Cuanto más concreto tengas definido lo que quieres, más fácil será realizar las acciones necesarias para conseguirlo. No nos valen cosas generales como "quiero ser más feliz" o "quiero cambiar cosas en mi vida". ¿Qué cosas? ¿En qué área de tu vida específicamente?
Plantea siempre un propósito.
Plantea siempre para qué quieres lograr tu objetivo y ten muy presente tus valores. ¿Cuál es la razón profunda de que quieras hacer esos cambios? ¿A qué te acercarás cuando lo consigas?
Fecha límite.
No olvides ponerle una fecha límite. Esto es como los trabajos de fin de curso o los proyectos que debes entregar a un cliente. Si no te pones una fecha, será solo un deseo. Alguien dijo alguna vez que "un objetivo sin fecha es solo un sueño", y aquí no hemos venido solo a soñar, sino a trabajar para lograr lo que nos proponemos.
Que sea retador, pero alcanzable.
Otro punto a tener en cuenta es que lo que quieras conseguir te resulte retador. Si te propones algo muy fácil, ¿para qué tanto lío? Por otro lado, si te propones algo demasiado complicado, quizás te frustres y abandones. Como dijo Aristóteles: "En el equilibrio está la virtud". Si lo primero que te propones parece muy difícil, empieza por un punto intermedio. Una vez lo consigas, lo aprendido te ayudará a afrontar desafíos mayores.
Debe ser realista.
Debe ser realista. Y esto no significa que no sueñes a lo grande, pero sí que consideres el punto en el que estás al comenzar tu proyecto. Además, plantéate esta pregunta: ¿depende de mí?
No podemos cambiar a otras personas ni controlar todas las circunstancias, pero sí tomar acciones que nos acerquen a lo que deseamos.
Mide tu progreso.
Es fundamental que pienses en cómo medirás tu progreso a lo largo del camino. Pregúntate: ¿Qué sentirás cuando lo consigas? ¿Qué verás al llegar al final? ¿Qué oirás? ¿Qué te dirán los demás? Estas respuestas te ayudarán a saber si estás en el camino correcto. Además, si tu objetivo lo permite, puedes establecer métricas y gráficos que te ayuden a visualizar tu evolución de manera más concreta, lo cual te permitirá ajustar tu enfoque si es necesario.
Impacto en tu entorno.
Por último, analiza cómo afectará a tu entorno lograr ese objetivo. Si conseguir ese trabajo que deseas va a resentir tu relación con tu familia, ¿te interesa?
Plantéate a qué estás dispuesto a renunciar para conseguir lo que deseas y si realmente te compensará.
No olvides pensar en la recompensa final: ¿cómo encajará ese logro en tu vida?
En resumen:
- S (Específico): El objetivo debe ser claro y detallado: "Quiero dedicar 30 minutos al día a leer un libro de desarrollo personal".
- M (Medible): Es esencial poder medir el progreso y saber cuándo se ha alcanzado el objetivo. Esto implica incluir indicadores o métricas: "Voy a completar 2 libros al mes".
- A (Alcanzable): El objetivo debe ser realista, teniendo en cuenta los recursos y capacidades disponibles: "Sé que puedo ajustar mi agenda para encontrar ese tiempo".
- R (Relevante): Debe estar alineado con metas más amplias y tener importancia estratégica: "Leer me ayuda a crecer y alinear mis objetivos personales".
- T (Temporal): Debe tener un plazo definido para su cumplimiento, lo que fomenta el compromiso y la urgencia: "Voy a dedicar 30 minutos al día a leer durante los próximos 3 meses, con el objetivo de terminar al menos 6 libros de desarrollo personal para finales de marzo.
Recuerda: los objetivos bien planteados no solo te acercan a lo que deseas, sino que también te muestran de lo que eres capaz.
¿Cuál será tu próximo objetivo SMART?